Pues por primera vez en mi vida he superado situaciones que creía insuperables,
me han desinteresado situaciones que creía vitales,
me he enfocado en lo que creía que nunca me iba a atrapar.
Porque me di cuenta que no todo es para siempre,
que todo tiene un sentido que solo al final se entiende
que no vale la preocupación por el otro si el otro solo se preocupa por si mismo.

Es momento de batir las alas y elegir un camino,
caminar a través, encontrar un lugar en él,
armar un espacio y formarlo a mi manera, dejando las puertas abiertas.
Cambiarlo cuando tenga que hacerlo, mejorarlo, adaptarlo a cualquier situación.
Pero no permitir que quien entre desestructure las cosas más de lo debido,
cambie demasiado lo que ya está dispuesto por mí.

Porque no permito a más nadie que tome mi tiempo en vano,
que altere lo calmo, que haga tormentas y arrase lo mío.

Se terminó el tiempo de preocupación a cambio de nada,
todo se está acomodando en el lugar donde siempre tuvo que estar.
Ya no hay más pánico, hay bienestar.

Para quien se quiera ir, la puerta sigue abierta,
quien se quiera quedar mi casa será mi ofrenda,
y quien quiera entrar, adelante, las pautas ya han sido dispuestas.




A la décima noche que desperté sobresaltada y esperando que mi sueño haya sido real comprendí que las cosas no estaban tan bien como yo creía. Comprendí la letra de aquella canción de Sabina, y que no se podían confundir los sentimientos liberales del día con los melancólicos de la noche.
Una noche me abrazaste y me sonreíste como a veces lo hacías, luego me pediste perdón. Otro me levantaste tan alto que creía que no nos podríamos despegar más y luego otra noche me encontré leyendo una conversación donde te encontrabas mal por toda la situación.
Pero después de tanto, pero al mismo tiempo tan poco, tiempo en este planeta me dí cuenta de que todo esto me está pasando por alguna razón, y extrañarte es solo parte de mi deber ante mis malas decisiones.
No voy a caer porque algunas tantas noches hayas aparecido en mis sueños y hayas cambiado mis esquemas, porque detrás de esta niña moldeable, se esconde también, y a veces con miedo, una muchacha fuerte, de ideas claras y con una constante búsqueda de la verdad.
Si esta vida no nos tira buenas cartas, ¿Si lo hará otra vida? ¿Tendrá razón esa canción?
¿Qué tan fuerte es ese sentimiento si toda esta combinación extraña de palabras solo se une ante la música? Es en ese único lugar donde te puedo encontrar, y donde siempre estarás, aunque estés lejos o cerca.
Y como otra canción dice, yo solo quería romper tus paredes y solo me rompiste a mi.
Qué triste es decir que escucho canciones para recordarte, pero que increíble es decir que en parte solo ello me mantiene feliz.
Eso que tuvimos no lo va a tener nadie, haya sido importante o no, es nuestro pequeño cuento y siempre lo voy a guardar con una sonrisa. Y ahora, a pesar de que sea de noche, y la nostalgia forme parte de mi no comprendo por qué me duele tanto recordarte sabiendo además que soy nada para tus recuerdos ni para tu realidad, pero sé que solo así consigo estar bien, y me aferro a esa fuerza que nunca antes viví.
Espero que la vida nos tire buenas cartas, porque estoy loca por volverte a ver.
Y de pronto sientes ese click que creíste haber escuchado hace un tiempo en tu mente. Pero no, él seguia estando ahí, y lo odiabas, pero si te sonreía lo volvías a amar. Y eso iba en contra de tu búsqueda de olvidarlo porque dices que sentiste el click, que nunca existió, que solo hizo que lucharas contra la corriente. Y no sirvió para nada, porque de pronto cuando crees que ya terminó todo aparece algo que te hace demostrar lo que lo quieres, y tiemblas y lloras, y el corazón sube a tu boca y juega una carrera contra el tiempo. Y es recién ahí que entiendes que lo seguías amando, y es recién ahí que sientes el click, y lloras porque estuviste nadando contra la corriente todo este tiempo. 
Pero ahora todo es tan diferente. Inhalas y sientes aire en tus pulmones, te sientes libre. Sonríes. Y de verdad le deseas lo mejor, porque se lo merece a pesar de todo lo malo. Porque necesita enamorarse él también y necesita lo malo y lo bueno de esa experiencia que nunca vivió. Y en algún momento va a tener que sentir ese click también y recién ahí te va a entender. Pero tu sigues sonriendo porque sabes que lo que hiciste estuvo bien, porque después de tanto tiempo te sientes bien contigo misma y miras para tus costados y encuentras unas alas hermosas y aprendes a volar otra vez.
Y... ¿Quién sabe? Capaz encontrás al pajaro que te estaba buscando desde hacía tanto y puedas ser feliz.
Nunca te arrepientas de nada. Recuerda que todo pasa por una razón y que todos pasan por tu vida para dejarte una enseñanza.
Gracias por enseñarme a amar.




Todas las personas aparecen en nuestra vida por una razón, tal vez querían dejarnos un mensaje o una enseñanza, tal vez querían recorrer una parte de nuestro sendero, o tal vez lo quieren seguir haciendo. Hay personas que se les lastiman los pies por caminar en nuestro sendero, no están acostumbrados a la rugosidad que este tiene y deciden emprender el viaje en otro mucho más tranquilo. Otras, en cambio, deciden lastimarse los pies con la esperanza de que algún día sanen solos, pero no quieren perder nuestra compañía, temen dejarnos solos o tan solo es tan grande su necesidad de tenernos que no nos pueden dejar ir por solo un dolor.
Todos, de una forma u otra fueron parte importante de lo que somos hoy en día, todos nos formaron como personas y lo siguen haciendo, incluso esas personas que solo viste pocas veces, con las que solo hablaste pocas veces, te cambiaron por lo menos una mínima parte de tu forma de ser.

Por eso, a vos te quiero agradecer el abrirme más al mundo, el hacer que deje de sentir la poca vergüenza que sentía y atreverme a todo, sin miedo a lo que cualquier persona pueda decir, gracias por hacer que yo no sea tan hipócrita como vos, gracias por mostrarme lo feo que es juzgar, lo mentirosa y falsa que puede llegar a ser la gente cercana, gracias a enseñarme lo que es joder a la gente, a reírse de las propias infelicidades, gracias a enseñarme a no permitir que una piedra tape mi camino, a enseñarme que el mundo no acaba por algo que no pasa, a enseñarme que el que no sabe no puede hablar, me enseñaste a saber quien es una verdadera amiga y quién no, a entender que nadie es como es porque sí, todos tenemos  una historia, a darme cuenta en quién confiar, a no dejarme manejar por los demás, a ver lo fea que es la gente que miente, que es falsa, que no quiere, o que es egoísta. Gracias por eso y mil cosas más, porque sin tí no sería quién soy ahora, y capas siento que no puedo continuar con esto, pero se que todo lo que vivimos me lo llevo en el corazón, porque a pesar de todo, fuiste una persona importante, demasiado, para mí.

 A vos te agradezco todas las charlas por la mañana, todas las lagrimas que derramaste de verdad, aprendí contigo que no siempre la gente va a hacer lo que uno quiere, que nadie es igual con todas las personas, que si no le importás a una persona te lo van a hacer saber de una manera a otra, que las peleas debilitan cualquier tipo de relación, ninguna la mejora, que la vida no es como una pelicula de drama, que nadie es lo bastante malo como para deprimirte de por vida, que no hablar de lo que sucede y hacer como que anda pasó no sirve de nada, que las relaciones por internet no funcionan, que no siempre las personas que dicen estarlo lo están realmente, que los poemas no solucionan relaciones, que quien muestra sonrisas no está tan feliz, que la vida nunca va a ser color de rosas, aprendí contigo a poner prioridades en mi vida, a entender que las personas que te quieren de verdad lo dan todo por verte por tan solo un momento, que no siempre te van a amar de vuelta, que los mejores amigos si pueden existir, que a veces puedo llegar a ser una persona apática, aprendí a no dejar a las personas que me quieren de lado, a no olvidar quienes lo hacen y quienes no, esto, a que no todo lo que fue lindo fue amor, y otras cosas, vos me diste enseñanzas grandes.Quizá no parezca importarme tu presencia pero a veces me duele como todo se puede ir tan al carajo, como la persona con la que hablabas todos los días de repente es un extraño más y de verdad, no me arrepiento en lo más mínimo de conocerte.

¿Y qué decirte a vos? Contigo aprendí lo idiota que me podía llegar a poner el amor, lo rápido que me podía olvidar de las cosas por vos, lo mentirosa que pueden llegar a ser las personas, lo difícil que es el amor, lo malo que es la ilusión, que no todo es como parece, aprendí a ser más hábil, a no regalarme tan fácil, a no esperar nada de nadie, a entender que las personas no son iguales, que los hombres necesitan crecer para enamorarse, que es fácil pasar de la amistad al amor, pero es una tortura pasar del amor a la amistad, aprendí que no todos entienden las indirectas, aprendí a aprenderte, a conocer todos tus gestos y palabras como la palma de mi mano, aprendí a aceptar que esto no puede ni podrá ser nunca, porque el mundo lo dispuso así, aprendí que la vida siempre da segundas oportunidades, aprendí a querer, a quererte, pero también aprendí a que nadie va a hacer lo que uno quiera tan solo porque uno quiera, aprendí que confío muy fácil, aprendí que no sos de fíar, y aprendí a dejarte ir, todavía lo implemento, pero cada día me es más fácil. Aprendí a amarte y siempre lo voy a hacer, pero no, no otra vez. Gracias a vos también por todo, porque me enseñaste demasiado en estos dos años.
Cuesta demasiado darse cuenta lo difícil que es aceptar que una puerta no tiene otra cosa que cerrarse. Pero cuando otra puerta se nos abre, no hay nada mas feliz y satisfactorio que esto. Hay veces en las que tenemos que hacer algunos cambios en nuestras vidas para mejorar, para sentirnos plenos otra vez, renovados. Nada pasa en la vida solamente para hacernos sufrir, algo, en algún punto también nos hace felices, y también va a tener que irse cuando sea algo malo y traer algo nuevo, bueno. Siempre cuando una puerta se nos cierra, otra, mucho más grande se nos abre y no tienes ni idea de lo linda que puede ser esa puerta. Así que no tengas miedo, porque quien toca los pestillos eres tú.
Tú eres el dueño de tú vida.

Te quiero, y lo voy a seguir haciendo por mucho tiempo.
Fuiste mi salvación, mi sonrisa en el momento más oscuro, te agradezco por todo pero por la misma razón que el destino nos juntó, hoy decido que debe separarnos.
No hay palabras para agradecerte. Aunque parezca la peor persona del mundo haciendo esto quiero que sepas que lo hago por tu bien, no quiero que luego sufras más, corto el sentimiento en el comienzo, antes de que sea muy tarde.
Gracias, repito, por sacarme del pozo, por hacerme ver la vida de la mejor manera, por devolverme una sonrisa.
Pero hoy me despido, separo delicadamente mi vida de la tuya con la escusa de un hasta luego.
PD: No olvides que te quiero.


Sería agasajante volverte a encontrar
en el final de nuestros comienzos.
Romper las barreras de la vida y del orgullo.
Y así, posar con mis labios perdidos,
un beso sobre los tuyos.
Posar sobre tu cadáver el mío.
Abrazarte eternamente y dormir, 
como si fuera el último de nuestros días.
Así tenerte por fin a mi lado
y cumplir con mi promesa de amarte por siempre.
Y de poder agasajarme con tu pobre presencia.


















Los sueños, que cosa tan rara los sueños. Algunos tratan de deseos escondidos, otros de miedos, y otros simplemente nos quieren avisar de cosas que suceden.

   Era la tercera noche ya, ella estuvo todos esos días soñando lo mismo. Se despertaba sobresaltada, transpirando y sin lograr comprender. No quería dormir, quería entender el significado de aquel sueño. Él sufría de taquicardias intentando pedir disculpas, su familia lloraba, y los médicos no sabían qué más hacer.
      Su sueño constaba de un pasillo largo,  pintado de blanco y con retratos en las paredes tan fríos como aquel pasillo. Ella pasaba por él corriendo desesperadamente y llegaba a una puerta, igualmente blanca, con el número doscientos veintitrés puesto en dorado, brillando de estar tan lustrado. Rápidamente abría la puerta y ahí se despertaba. La tercera noche, además de haber despertado transpirada y sobresaltada, comenzó a llorar sin parar. El significado que podía tener ese sueño comenzaba a darle aún más miedo que el que le provocaba el sueño mismo. ¿Qué eran esos pasillos blancos? ¿Qué había detrás de esa puerta?
     Ese pasillo le llamaba la atención. Creía conocerlo de algún lado. Y cuando lo recordó un nudo en el pecho se le formó. Lo recordaba perfectamente, tenía siete años cuando su abuela había muerto, y días antes de su muerte, estando ya agravada su enfermedad, la visitaba para decirle cuanto la amaba, y recorría esos mismos pasillos fríos y largos. La única diferencia era que recordaba que la puerta de habitación de su abuela era la doscientos treinta y nueve. Aquel sueño no tenía nada que ver con su abuela, pero necesitaba saber que ocurría urgentemente.
Quería levantarse, pero no podía, y del miedo comenzó a llorar, ¿Qué hacer?
      Miró el reloj. Seis y media de la mañana, el sol estaba por salir, no quería esperar más tiempo, necesitaba salir de ahí, descubrir lo que sucedía, su madre se pondría como loca si descubría que se iba sin avisarle, pero le dio igual, ya no era una niña para decirle lo que hacía y además luego lo entendería.
    Cuando dejó de llorar descontroladamente, se vistió y salió a la calle, tomó el primer taxi que encontró y fue hasta aquel hospital, aún con el nudo en la garganta. La luz del sol que salía tímidamente por el horizonte y pegaba en sus ojos, que se ponían aún más sensibles al tacto.
     Al llegar, le arrojó el dinero al conductor y salió corriendo hasta adentro de aquel gran edificio. Quizá sintió algunas malas palabras del conductor, quizá no, no le importaba, ella corría. Llegó al ascensor. Algunas lágrimas rodaron por sus mejillas, pero las corrió violentamente con su mano. Estando ya adentro del ascensor apretó segundo piso y esperó impacientemente. Cuando las puertas se abrieron vio una mujer vestida de blanco sentada en un escritorio. Quedó paralizada. ¿Era real o tan solo la creaba su mente por miedo?
      -Señorita, ¿Qué necesita? No puede pasar sin autorización.
     Comenzó a correr desesperadamente, igual que en su sueño. Las paredes eran igual de blancas y tenía los mismos cuadros fríos que los que había soñado.
      -¡Señorita! ¡Por favor! ¡Pare!
     "Basta mente, deja de decirme que pare, no lo haré. No, por favor, no me sigas, igual llegaré a mi destino." se repetía constantemente.
    La habitación doscientos veintitrés yacía frente a ella y sin dudarlo la abrió, siguió corriendo hacia adentro pero lo que vieron sus ojos la dejó sin respiración. Se agarró la cabeza y comenzó a llorar desesperadamente recostada contra la pared, cayendo lentamente. Aquella mujer que la estaba siguiendo llegaba justamente a la habitación y se acercaba a ella lentamente.
      -Señorita…- le dijo tocándole el hombro compasivamente.
     No podía soportarlo. En esa habitación se encontraba él. Aquel chico que tantas veces la había dejado sin dormir por las noches, que tantas mariposas le había hecho sentir, su primer y único amor que tantas cosas de la vida le había enseñado. Aquel chico que de un día para el otro desapareció de su vida por por completo debido a una pelea que creía que iba a ser otra más. Ella lo culpaba de ser tan hipócrita y egoísta, él no quería aceptar que lo era y nunca más le habló. El orgullo había sido más fuerte que todo. Y ahí estaba ella, tres años después, llorando contra una pared porque el amor de su vida estaba postrado en una cama sufriendo de un ataque al corazón en aquel mismo momento con toda su familia sollozando, demostrando cansancio por no haber podido dormir bien en un largo tiempo.
     Sentía ruidos de aparatos para revivirlo, sentía como su corazón débilmente se debilitaba, como poco a poco perdía la vida y no tenía la fuerza necesaria para abrir los ojos y enfrentarse a la realidad de que él se perdía.
    Su corazón no sonó más. Ella había perdido la fuerza para seguir llorando y quedó recostada contra la pared, temblando, sin todavía abrir los ojos. No sentía ningún sonido, el único que le importaba era el de su corazón y no lo sentía más. No sabía que sucedía realmente, qué estaba haciendo ahí. Tan solo sentía la falta de ese sonido y sus temblores, que se agravaban con el pasó de los minutos.  
     -¡Sus ojos!-Esa voz…. ¿Era su hermano?
   Hubo un revuelo en toda la habitación y ella logró escuchar algo que le quitó el temblor. Su corazón latía.
    Lentamente abrió los ojos en dirección a su camilla. Tenía los ojos rojos e hinchados y no podía dejar de temblar nuevamente, pero ella miró para donde estaba él.
    Toda su familia lo tocaba, algunos gritaban y los doctores pedían por favor que se corrieran para poder revisarlo, pero sus ojos estaban concentrados en una sola persona de esa habitación: ella. Los temblores agravaron. Inconscientemente se levantó y se acercó a él. Tomó su mano delicadamente y lo miró incrédula.
    -Gracias por atender mi llamado- le dijo él, con una sonrisa en sus labios.



Es que nunca te importó nadie ni nada más que tú, más que tu simple e inútil presencia.
Nunca habrías dado nada por nadie, así te lo pidieran arrodillados.
Perdimos todos el poco orgullo que nos quedaba por tener un poco de tu amor y respeto,  pero pocos se dieron cuenta que alguien como tú no entendía de sentimientos, nunca los vivió, nunca los quiso y lo único que hizo fue aprovecharse de ellos como si fueran algo malo y sin valor, darlo contra todo y gastarlo, y en el momento que ya no existieran más irse, dejarnos vacíos por dentro y por fuera, apáticos. Como si nunca hubiéramos vivido toda esa larga vida que nos hiciste cargar.
La tuya.

¿Qué pasa si un día te das cuenta de que la persona por la que tanto luchaste y que tanto amaste de un día al  otro te deja de importar? ¿Qué pasa si un día te das cuenta de que todas tus certezas se derrumban, caen como si fueran un poco de gotas de agua insignificantes, como si no tuvieran un fin en especial? ¿Qué pasa si todas las personas para las que siempre estuviste no están más? ¿Y si no encuentras tu lugar?
Te digo lo que pasa: Lo superas.
No hay otra forma de sobrellevar cualquier problema que superando, pisando, lastimando y olvidándolo. Dándote cuenta de cual es el problema que te tiene tan mal y aceptándolo, arreglando todo lo que estuvo mal. Hablándolo. Nada es tan malo como para ser el fin del mundo y si así lo fuera, hay formas de arreglarlo. Nunca desistas de ser feliz, porque nadie nunca te puede quitar esa virtud.