Sería agasajante volverte a encontrar
en el final de nuestros comienzos.
Romper las barreras de la vida y del orgullo.
Y así, posar con mis labios perdidos,
un beso sobre los tuyos.
Posar sobre tu cadáver el mío.
Abrazarte eternamente y dormir, 
como si fuera el último de nuestros días.
Así tenerte por fin a mi lado
y cumplir con mi promesa de amarte por siempre.
Y de poder agasajarme con tu pobre presencia.

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