Y de pronto sientes ese click que creíste haber escuchado hace un tiempo en tu mente. Pero no, él seguia estando ahí, y lo odiabas, pero si te sonreía lo volvías a amar. Y eso iba en contra de tu búsqueda de olvidarlo porque dices que sentiste el click, que nunca existió, que solo hizo que lucharas contra la corriente. Y no sirvió para nada, porque de pronto cuando crees que ya terminó todo aparece algo que te hace demostrar lo que lo quieres, y tiemblas y lloras, y el corazón sube a tu boca y juega una carrera contra el tiempo. Y es recién ahí que entiendes que lo seguías amando, y es recién ahí que sientes el click, y lloras porque estuviste nadando contra la corriente todo este tiempo. 
Pero ahora todo es tan diferente. Inhalas y sientes aire en tus pulmones, te sientes libre. Sonríes. Y de verdad le deseas lo mejor, porque se lo merece a pesar de todo lo malo. Porque necesita enamorarse él también y necesita lo malo y lo bueno de esa experiencia que nunca vivió. Y en algún momento va a tener que sentir ese click también y recién ahí te va a entender. Pero tu sigues sonriendo porque sabes que lo que hiciste estuvo bien, porque después de tanto tiempo te sientes bien contigo misma y miras para tus costados y encuentras unas alas hermosas y aprendes a volar otra vez.
Y... ¿Quién sabe? Capaz encontrás al pajaro que te estaba buscando desde hacía tanto y puedas ser feliz.
Nunca te arrepientas de nada. Recuerda que todo pasa por una razón y que todos pasan por tu vida para dejarte una enseñanza.
Gracias por enseñarme a amar.




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